El plan de Ethereum para que la privacidad deje de ser algo opcional.

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Cualquier persona con conexión a internet puede abrir un explorador de bloques, pegar una dirección de Ethereum y consultar cuánto dinero ha enviado, a quién y en qué fecha. Esa transparencia total, presentada al principio como una virtud técnica de la red, se ha convertido en el principal freno para muchos usos cotidianos. La Ethereum Foundation ha respondido con el Privacy Cluster, un equipo de 47 profesionales cuyo encargo es integrar la privacidad dentro de la propia red y no dejarla como un extra que cada usuario deba configurar. 

Qué se ve hoy en una transacción de Ethereum y qué no

Cada transacción registrada en la red incluye cinco datos: la dirección de origen, la dirección de destino, el importe transferido, la fecha exacta y una firma criptográfica que valida la operación. Todo eso es público. Cualquier persona puede entrar en Etherscan, introducir una dirección y consultar el histórico completo de movimientos asociado a esa dirección.

Lo que no aparece es el nombre real de la persona propietaria. La dirección funciona como un seudónimo alfanumérico. El problema es que ese seudónimo deja un rastro permanente: cada compra en un servicio con verificación de identidad, cada retirada, cada interacción con una aplicación descentralizada suma pistas. Con el tiempo, cruzar suficientes datos permite asociar una dirección concreta con una persona concreta. La privacidad que ofrece Ethereum por defecto no es privacidad real, sino seudonimato con fecha de caducidad.

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El Privacy Cluster: qué es y quién lo integra

El 8 de octubre de 2025, la Ethereum Foundation anunció oficialmente la formación del Privacy Cluster en un post titulado «Our Commitment to Privacy». El equipo reúne a 47 investigadores, ingenieros y criptógrafos coordinados por Igor Barinov, fundador de Blockscout y xDai. 

El Privacy Cluster no trabaja en aislamiento. Se coordina con Privacy Stewards of Ethereum (PSE), la iniciativa lanzada en septiembre de 2025 tras el cambio de nombre del equipo que hasta entonces se llamaba Privacy & Scaling Explorations. También coopera con el Institutional Privacy Task Force, encargado de encajar los desarrollos técnicos con las exigencias regulatorias de distintos países. El objetivo del conjunto es concreto: convertir la privacidad en una propiedad nativa de Ethereum, no en un añadido que dependa de aplicaciones de terceros.

Zero knowledge proof: la pieza matemática sobre la que se apoya todo

Una zero knowledge proof (prueba de conocimiento cero) es un método criptográfico que permite demostrar que una afirmación es cierta sin desvelar la información que la respalda. El ejemplo cotidiano más útil: imagina que necesitas acreditar en una tienda que eres mayor de edad. Hoy enseñas el DNI y el dependiente ve tu nombre, tu dirección, tu foto y tu fecha de nacimiento completa. Con una prueba de conocimiento cero, el sistema solo confirma un dato: sí o no eres mayor de 18 años. El resto de la información no se muestra.

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Aplicado a Ethereum, el mecanismo permite demostrar que una operación es válida (que quien firma tiene los fondos, que la transacción cumple las reglas de la red) manteniendo oculta la identidad del emisor, la cantidad transferida y el destinatario. La red acepta la operación porque la prueba matemática es correcta, sin necesidad de acceder a los datos subyacentes.

Tres frentes en los que ya se está trabajando

El primero son las transferencias privadas de ETH y de tokens ERC-20. Tom Lehman, cofundador de la red Layer 2 Facet, propuso EIP-8182 para su inclusión en la actualización Hegota de Ethereum. La propuesta define un sistema de transferencias privadas mediante un contrato de reserva blindada (shielded pool) para ETH y tokens ERC-20 compatibles. El diseño permite envíos privados a cualquier dirección de Ethereum o nombre ENS ya existente, sin necesidad de un formato de dirección específico para privacidad. La propuesta sigue en fase de discusión pública entre los desarrolladores del núcleo. 

El segundo frente son las consultas privadas. Cuando una wallet pregunta al nodo cuánto saldo tiene una dirección, ese nodo puede ver la pregunta y la respuesta, y con ello inferir en qué cuentas está interesado el usuario o desde qué IP consulta. El equipo trabaja en servicios RPC que preserven la privacidad, después de constatar que las llamadas RPC habituales pueden filtrar información personal como una dirección IP o las cuentas que interesan al usuario.

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El tercer frente es Kohaku. Se trata de una wallet centrada en la privacidad y un SDK que aspira a dar a los usuarios más control sobre los datos de sus transacciones. La idea es que otras wallets y aplicaciones puedan incorporar estas capacidades sin tener que construir toda la infraestructura criptográfica desde cero.

Qué implica que la privacidad venga incluida y no como añadido

Hoy, un usuario de Ethereum que quiere privacidad tiene que recurrir a herramientas externas específicas. Su uso es técnicamente exigente, la liquidez está fragmentada entre aplicaciones distintas y algunas de estas herramientas han acabado en el punto de mira de reguladores por su vinculación con blanqueo de capitales. El resultado es que la privacidad, en la práctica, es un espacio de nicho reservado a usuarios avanzados.

Integrarla en la red cambia esa lógica. Si la protección viene con el protocolo, el usuario medio no necesita configurar nada especial ni descargar aplicaciones adicionales: la privacidad se activa cuando envía una transacción con su wallet habitual. Esto plantea un debate abierto que la propia Ethereum Foundation reconoce: cómo compatibilizar esa privacidad con la posibilidad de auditar operaciones cuando la ley lo exige. Aquí entran conceptos como la divulgación selectiva, que permite al propio usuario decidir qué información revelar y a quién en un momento concreto, sin abrir la puerta a que cualquiera lo consulte.

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Ethereum nació con un modelo de transparencia radical y ese modelo sostuvo buena parte de su credibilidad técnica durante los primeros años. Cuando la red era un experimento seguido por unos pocos miles de desarrolladores, la trazabilidad total no era un problema. Ahora que empieza a operar como infraestructura para pagos, identidad digital, gobernanza y aplicaciones financieras utilizadas por millones de personas, la ausencia completa de privacidad se ha convertido en una limitación práctica. 

El Privacy Cluster es la primera vez que ese cambio se plantea de forma estructural, con un equipo dedicado, presupuesto propio y hoja de ruta pública. Es pronto para saber qué propuestas acabarán activándose y cuáles quedarán descartadas por el camino, pero la dirección del trabajo ya está fijada.

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