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ToggleLa empresa de logística japonesa AZ-COM Maruwa Holdings, uno de los principales proveedores de reparto de Amazon Japón, va a pagar a alrededor de 2.300 contratistas y camioneros con JPYC, la primera stablecoin oficial vinculada al yen. El movimiento es inusual porque no viene de un banco ni de una gran tecnológica, sino de una compañía tradicional que busca resolver un problema muy concreto: liquidar pagos a una red amplia de trabajadores externos con menos fricción y más rapidez.
AZ-COM Maruwa Holdings cotiza en el Prime Market de la Bolsa de Tokio (código 9090) y facturó 230.500 millones de yenes (unos 1.400 millones de dólares) en el ejercicio fiscal cerrado en marzo. Trabaja con Amazon Japón desde 2017, prestando servicios de reparto para su operación de comercio electrónico.
El 22 de julio de 2026 la compañía anunció una alianza de capital y de negocio con JPYC Inc., emisora del token. AZ-COM Maruwa va a invertir aproximadamente 1.000 millones de yenes (unos 6,1 millones de dólares) para adquirir una participación del 2,9 % en JPYC y construir una infraestructura de pagos dedicada que permita utilizar el token para abonar comisiones a alrededor de 2.300 empresas y trabajadores asociados.

La motivación operativa está en el terreno cotidiano de la logística. Maruwa busca acelerar el flujo de caja hacia conductores y pequeños transportistas en un contexto marcado por la escasez de mano de obra, el envejecimiento de la plantilla y las normas más estrictas sobre horas extraordinarias en Japón. La empresa espera que las conversiones casi instantáneas y gratuitas al yen a través del stablecoin hagan más atractivo el trabajo por contrato. A los pagos entre empresas y contratistas en Japón se les sigue aplicando el circuito bancario tradicional, con horarios acotados, comisiones y tiempos de compensación que restan agilidad a la operativa. El acuerdo también contempla implementar pagos automáticos al completarse la entrega, vinculando datos de GPS con contratos inteligentes.
Una stablecoin es una criptomoneda diseñada para mantener un valor estable respecto a una divisa tradicional. La más habitual está referenciada al dólar, pero también existen las vinculadas al euro, al yen o a otras monedas nacionales. El objetivo del diseño es que un token equivalga siempre a una unidad de esa moneda.
Ese anclaje se consigue mediante un mecanismo de respaldo. En el modelo más extendido, la empresa emisora mantiene en reserva una cantidad de dinero o activos líquidos equivalente al valor total de los tokens que ha puesto en circulación, y esas reservas se auditan de forma periódica. La diferencia con Bitcoin o Ethereum es directa: en aquellas el precio fluctúa a diario según la oferta y la demanda del mercado; en una stablecoin, el precio se mantiene estable por diseño. Esa estabilidad es lo que permite usarla para pagos o transferencias sin preocuparse por cuánto valdrá el token una hora después.
Existen tres tipos principales según cómo se garantiza la paridad: respaldadas por moneda fiat (el modelo de USDC, USDT o el propio JPYC), respaldadas por otras criptomonedas depositadas como colateral, y algorítmicas, que ajustan la oferta del token de forma automática según la demanda.
JPYC hizo la transición desde un instrumento de pago prepago (operativo desde 2021) a stablecoin plenamente regulada en octubre de 2025, después de que JPYC Inc. obtuviera la licencia de Proveedor de Servicios de Transferencia de Fondos por parte de la Agencia de Servicios Financieros (FSA) japonesa. Está respaldada por depósitos en yenes y bonos del gobierno japonés.

JPYC no se ha lanzado como un activo cripto genérico pensado para intercambio especulativo, sino como un instrumento de pago con reconocimiento propio dentro del marco legal japonés. La empresa emisora está sujeta a supervisión de la FSA, aplica procesos de verificación de identidad a sus usuarios y cumple obligaciones específicas sobre gestión de reservas y protección al consumidor. Es la primera stablecoin en yenes plenamente regulada, y su circulación en cadena había superado los 2.000 millones de yenes según los datos publicados en julio de 2026. Esa cobertura legal es lo que permite que una compañía cotizada la considere una opción real para pagos empresariales.
Hasta ahora, los casos visibles de uso de stablecoins se concentraban en un perímetro bastante definido: intercambios entre plataformas de compraventa cripto, transferencias transfronterizas entre particulares (especialmente en países con alta inflación como Argentina o Turquía), remesas hacia países como Filipinas o Nigeria, y aplicaciones descentralizadas de finanzas. Todos esos usos tienen algo en común: el usuario suele estar familiarizado con criptomonedas antes de recurrir a la stablecoin.
El caso japonés rompe ese patrón. Los contratistas de Maruwa son transportistas, autónomos y pequeñas empresas de reparto que van a empezar a cobrar en un token digital porque su cliente ha decidido pagar por esa vía. La adopción no viene impulsada por el interés en la tecnología, sino por una decisión operativa de la empresa pagadora.

No es un caso completamente aislado. SBI Group lanzó JPYSC, una stablecoin en yenes respaldada por un banco fiduciario dirigida a uso institucional. Los tres mayores bancos japoneses (MUFG, SMBC y Mizuho) trabajan en Progmat (Project Pax), un proyecto conjunto que apunta a 1 billón de yenes en emisión de stablecoins B2B hacia 2028, sobre una base de más de 300.000 clientes corporativos. Cada vez más marcos regulatorios (Japón, Reino Unido, Estados Unidos y la propia UE con MiCA) están definiendo reglas específicas para stablecoins pensadas para pagos, no para especulación.
La pregunta abierta no es si las stablecoins existirán como método de pago empresarial, sino cuándo y en qué condiciones se vuelven mayoritarias. El caso de AZ-COM Maruwa no responde esa pregunta, pero el paso de una compañía cotizada de logística al pago de proveedores con un token digital es el tipo de ejemplo concreto que suele preceder a cambios más amplios en otros sectores.
Una stablecoin es una criptomoneda cuyo valor está diseñado para mantenerse estable respecto a una divisa tradicional, habitualmente el dólar, el euro o el yen. Esa estabilidad se consigue mediante activos de respaldo en reserva o mecanismos algorítmicos que ajustan la oferta en circulación. Su función principal es servir como medio de pago o de transferencia sin la volatilidad típica de otras criptomonedas, lo que la hace apta para pagos empresariales, transferencias internacionales o comercio electrónico.

Porque la mayoría de los casos anteriores se concentraban en el propio sector cripto: exchanges, plataformas de trading, aplicaciones descentralizadas o transferencias entre particulares. AZ-COM Maruwa es una empresa de logística tradicional, cotizada en la Bolsa de Tokio, que va a usar una stablecoin para una tarea muy operativa: pagar a más de 2.000 contratistas y camioneros, dentro de un marco legal ya establecido.
Una stablecoin la emite una empresa privada, respaldada por activos en reserva y sujeta a normas específicas del país donde opera. Una CBDC (Central Bank Digital Currency) la emite directamente el banco central de un país y forma parte de su masa monetaria oficial, con las mismas garantías legales que el efectivo emitido por esa autoridad. La stablecoin depende de la empresa emisora y de su solvencia; la CBDC, del propio Estado.
En la Unión Europea, las stablecoins están reguladas dentro de MiCA (Markets in Crypto-Assets), el reglamento europeo específico para criptoactivos. MiCA distingue entre distintos tipos de stablecoins y establece requisitos concretos para sus emisores: reservas de respaldo auditadas, supervisión pública, obligaciones de transparencia y garantías para el usuario. El objetivo es separar jurídicamente las stablecoins destinadas a pagos del resto de criptoactivos más especulativos.